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Ser estudiante y de mayor edad

Estudiar después de los 30, 40 o incluso 50 años dejó de ser una excepción y se ha convertido en una nueva etapa para aprender, crecer y abrirse a oportunidades. En Chile, cada vez más personas adultas están retomando o iniciando su formación para mejorar su empleabilidad, cambiar rumbo profesional o cumplir una meta que quedó pendiente. Y la educación superior está adaptándose a esta nueva realidad.

En el último informe de matrícula del Servicio de Información de Educación Superior (SIES) evidencia el crecimiento de este segmento. En 2026, las personas de 35 años o más representan el 14,3% de la matrícula total de pregrado y el 38,2% del crecimiento anual del sistema. A su vez, quienes tienen 40 años o más superan las 115 mil matrículas, con un aumento de 12,4% en un año y de 56,9% en cuatro años.

La modalidad a distancia también refleja esta transformación. Según el mismo informe, la matrícula online aumentó 84,5% en los últimos cuatro años, consolidándose como una alternativa especialmente atractiva para quienes necesitan compatibilizar estudios, trabajo y responsabilidades familiares. En este escenario, los Institutos Profesionales tienen un papel protagonista.

¿Qué lleva a una persona adulta a volver a las aulas? Las razones son diversas: acceder a mejores oportunidades laborales, especializarse, cambiar de profesión, emprender o simplemente concretar un proyecto personal postergado. Además, la experiencia acumulada puede transformarse en una ventaja académica: quien ha trabajado conoce situaciones reales, posee herramientas prácticas y suele tener mayor claridad respecto de sus objetivos.

Entre los principales beneficios de estudiar en la adultez destacan:

1.Mayor claridad de propósito. La experiencia permite elegir una carrera con objetivos profesionales más definidos.

2.Experiencia que suma. Los conocimientos laborales y personales pueden facilitar la comprensión de contenidos y enriquecer el aprendizaje.

3.Más disciplina y autonomía. La capacidad de organizar responsabilidades se convierte en una herramienta fundamental.

4.Nuevas oportunidades laborales. Una segunda formación puede ampliar las opciones de empleo y favorecer la movilidad profesional.

5.Flexibilidad para estudiar. Las modalidades online, semipresencial y vespertinas permiten adaptar la formación a diferentes realidades.

6.Desarrollo personal. Aprender mantiene la mente activa, fortalece la confianza y permite alcanzar metas propias.

7.Continuidad y actualización. La formación permanente ayuda a mantenerse vigente frente a los cambios tecnológicos y laborales.

Ingresar o regresar a la educación superior es avanzar, sin que la edad sea una barrera para aprender.