La Educación Superior ha significado dejar ciudades, asumir costos de traslado o incluso postergar el sueño de estudiar. Sin embargo, ese escenario está cambiando gracias al crecimiento de la educación online, una modalidad que no solo amplía el acceso al conocimiento, también se consolida como una herramienta para impulsar la descentralización del país.
En Chile, la modalidad a distancia vive una expansión. De acuerdo con el Informe de Matrícula 2025 del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), la matrícula en programas online creció un 644,3% en la última década y un 131,2% en los últimos cinco años, convirtiéndose en el segmento de mayor crecimiento del sistema. Solo entre 2024 y 2025 ingresaron más de 25 mil nuevos estudiantes a programas de educación a distancia.
Más allá de las cifras, este crecimiento responde a una realidad. La educación online representa una oportunidad para las regiones. Hoy, un estudiante que vive en Arica, Coyhaique, Chiloé o Punta Arenas puede acceder a programas impartidos por instituciones ubicadas en otras ciudades, sin la necesidad de migrar. Esta posibilidad favorece la retención del talento local, fortalece el desarrollo territorial y permite que los nuevos conocimientos se traduzcan en beneficios para las propias comunidades.
Sin embargo, el desafío sigue siendo importante. Persisten brechas de conectividad, acceso a internet de calidad e infraestructura digital, especialmente en sectores rurales o zonas extremas. Reducir estas diferencias será clave para que la transformación digital llegue efectivamente a todos los territorios.
La educación superior puede convertirse en un motor de desarrollo territorial cuando logra generar conocimiento, formar profesionales y fortalecer las capacidades locales. En este contexto, la modalidad online amplía ese impacto, llevando oportunidades donde antes existían importantes barreras geográficas.
Instituciones que han fortalecido sus programas online, contribuyen a este desafío al ofrecer alternativas flexibles que permiten compatibilizar responsabilidades. De esta manera, la tecnología deja de ser una herramienta educativa para transformarse en un puente que acerca la formación superior, impulsando una educación más inclusiva, descentralizada y conectada con las necesidades país.
